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pasarela peatonal y ciclista

En Val-de-Reuil, el cauce del río Eure, acompañado por la infraestructura ferroviaria, ha constituido históricamente un límite físico y funcional entre el centro urbano y la estación multimodal. En este paisaje de transición, entre espacios naturales, agrícolas y urbanos, la nueva pasarela viene a reparar una fractura urbana mayor, prolongando la calle Grande (eje peatonal estructurante) hasta la estación. De este modo, establece una conexión blanda, continua y segura para peatones y ciclistas, vinculando de manera directa el centro de la ciudad, el intercambiador de transportes y las riberas del Eure.

Concebida como un recorrido habitado, la pasarela no se limita a una función estricta de cruce. Su trazado de curvas suaves se ensancha puntualmente para generar secuencias de pausa y contemplación del paisaje fluvial. Las banquetas laterales, de alturas variables, subrayan la ligereza del tablero y acompañan el movimiento del conjunto estructural. Integrando respaldos conformados por las barandillas de malla de acero inoxidable, permiten sentarse, tumbarse o detenerse, transformando el cruce en un auténtico espacio público suspendido

Los usuarios pueden así optar entre un itinerario directo y fluido o un recorrido más lento, propicio al paseo, al encuentro y al descanso. La pasarela se inscribe en la continuidad de la trama peatonal elevada característica de la ciudad nueva, reforzando la legibilidad de las movilidades blandas y la relación con el agua.

La estructura del conjunto se resuelve en madera laminada encolada de Douglas, una elección decidida a favor de la transición ecológica, que permite reducir en más de un 30 % la huella de carbono respecto a una pasarela equivalente de acero. El entablado de losas prefabricadas de hormigón garantiza una protección duradera de la estructura de madera, invirtiendo el esquema constructivo habitual y conciliando rendimiento técnico y sobriedad ambiental.

A la vez infraestructura, espacio público y mirador, la pasarela de Val-de-Reuil se convierte en un hito arquitectónico y paisajístico. Conecta las movilidades, pone en valor el patrimonio natural del Eure y afirma la imagen de una ciudad abierta, atenta a la calidad de los usos y a su paisaje.